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Terapia Visual: “Mi pequeño Superhéroe”

En esta entrada queremos compartir con vosotros la carta que la mamá de unos de nuestros peques nos ha mandado:

Mi hijo mayor tiene 9 años. Empezó la Educación Infantil sin apenas 3 porque es de noviembre. Recuerdo que los dos primeros años de E.Infantil yo los comparaba con la guardería:, juegos, disfraces, canciones, puzzles…; no le daba importancia a que aprendiera muchas cosas, sino que se lo pasara bien.

En tercero de infantil con 5 años, empezaron a sacar hojitas para leer el fin de semana, nunca olvidaré la primera que sacó que llevaba la A,E,I,O,U; cuando nos pusimos los dos con la hoja delante y puse mi dedo sobre la A, él no sabía qué era, hice lo mismo con el resto, y no reconocía ninguna. Al finalizar el curso, su tutora me dijo que tenía varios niños que “iban más despacio” y uno de ellos era el mío.

Cuando pasamos a Educación Primaria empezaron los problemas, traía deberes para casa que se convirtieron en una tortura, muchos días empezaba muy bien, otros no sabía por donde empezar, siempre tenía que estar a su lado e irle guiando literalmente, a la hora de leer, a la hora de escribir.. no paraba quieto en la silla, se levantaba, se sentaba sobre su pierna, se recostaba…hoy si echo la mirada atrás, sentía que me estaba tomando el pelo, pero, ¿cómo iba a tomarme el pelo todos los días?, se saltaba sílabas al leer, escribía comiéndose las vocales, no sabía repetir bien los días de la semana, sumar y restar era un reto de dificultades que no entendía y yo acababa gritándole y llorando un día sí y otro también.

Inventábamos juegos para sumar y restar, compartíamos las lecturas, una fila él otra fila yo… pero aún así, la hora de hacer deberes se fue convirtiendo en un momento desagradable para los dos, más aún cuando hablaba con sus profesores y aunque tenía buena sintonía con unos, otros me decían constantemente que “era un poco vaguete”, ”es que es muy vago”, “hace las cosas cuando quiere”, “tiene que leer más”…, cosas que iban aumentando mi rabia y mi frustración y fueron minando su autoestima hasta el punto de decirme: “mamá, es que soy un inútil”.

Durante los dos años de primaria, tuvo una logopeda que venía a casa y una profesora en verano. La tutora del cole le pasó varios test para descartar que pudiera ser disléxico, y me decía “sí, pero no”, no lo veía claro. En segundo de primaria, le llevamos al otorrino y al oftalmólogo. El primero descartó ningún problema de audición “estaba dentro de lo normal” y el segundo en el Hospital me dijo que tenía el ojo izquierdo vago. Yo desconocía los tratamientos para ojo vago por lo que le pregunté que qué debíamos hacer, a lo que me contestó que con 6 años (casi 7) era muy tarde, que era cuestión del cerebro y que quizá con las gafas y el parche se podría recuperar algo. Pedí una segunda opinión, y más de lo mismo, parche, el máximo tiempo posible para intentar que ese ojo reaccionara aunque sin ninguna garantía.

En segundo y tercero llevaba el parche prácticamente todo el día, ponérselo era una pelea, en el cole, en casa, los fines de semana, salvo un día de descanso. En tercero los deberes fueron a peor, era incapaz de copiar un enunciado y no comprendía prácticamente desde la segunda linea de una lectura. Las dos primeras preguntas de un examen las hacía bien y el resto era un desastre. Le valoró la orientadora del cole, le hizo los test pertinentes pero no sabía darme un diagnóstico, eran difíciles de interpretar, por lo que me mandó con el informe al neurólogo. Allí le hicieron un test más, le pesaron y midieron, y le diagnosticaron TDAH. Nos mandaron la medicación y volver a las revisiones con los resultados del cole.

Fue entonces cuando a través de una amiga y la orientadora del cole conocí la Terapia Visual. Como no estaba viendo resultados con el tratamiento del neurólogo decidí llevarle al Centro de Optometría San Francisco. En parte del estudio que le hicieron yo no estuve presente pero durante la revisión optométrica que le hizo Gloria estuve dentro de la consulta. Nunca olvidaré cuando durante el examen Gloria haciéndole una prueba me dijo:” ¿se cansa mucho al hacer los deberes?” y yo le contesté que “sí”, y me dijo: “Es que ve doble”….. la sensación que tuve en ese momento no se puede explicar… recuerdo que le dije a Gloria : “voy a llorar” y me contestó: “¿quieres ver como vé él?” y me dió una de esas cuartillas con letras y una lente para que me pusiera en el ojo, a los 10 segundos las letras se fueron difuminado y doblándose unas encima de otras. Aguanté para no llorar…

En la reunión que tuvimos sobre el informe completo que le hicieron a mi hijo, vi aún más claras otras cosas. Entendí que aunque una audiometría estuviera dentro de lo normal como me dijeron, no oía bien, los sonidos le distraían e incluso le molestaban, mi hijo nunca había podido ir a ver unos fuegos artificiales, o cuando íbamos al cine siempre se tapaba los oídos y lo pasaba mal. Comprendí al explicarme Gloria lo que eran los Reflejos Primitivos por qué mi hijo no podía permanecer quieto en una silla o por qué sentía un pánico inexplicable a determinadas situaciones. Al explicarme el estudio optométrico entendí por qué hacía en ocasiones bien la letra y al cabo de un rato la hacía ilegible, y por qué al leer se saltaba palabras o sílabas y no comprendía lo que leía. Me estaba explicando los conceptos, pero al mismo tiempo me estaba hablando de todas las cosas que hacía mi hijo, y ella no le conocía, fue increíble.

Comenzamos con el tratamiento en mayo de 2014, después de un mes y medio, tras la reeducación auditiva y un mes de terapia yo mantenía las consultas de revisión en el hospital con su oftalmóloga. En ese momento nos tocaba una de ellas y la oftálmologa no daba crédito de que después de casi dos años con gafas y parche sin resultados, mi hijo había bajado una dioptría de su ojo vago. Se había cumplido un mes de terapia.

Automáticamente por decisión propia eliminé el parche, no quería que siguiera pasando por ese suplicio, y el primer día que fue al cole sin la oclusión su profesora me llamó para contarme lo que le había dicho el niño:

– Profe, ¿te puedo decir una cosa?

– Dime – le dijo su profe

– Que ya veo.

Desde entonces todo ha ido mejorando, terminamos el curso, seguimos con la terapia y en septiembre ya era capaz de hacer los deberes sólo, su comprensión lectora ha mejorado muchísimo durante este curso. Lleva lentes de contacto, había un gran recelo a las gafas y al parche, aunque nunca ha tenido problemas sociales con sus compañeros, todo lo contrario, se sentía acomplejado y con las lentillas cambió.

11639165_984127501627541_1261979748_oDurante este año he cambiado muchas impresiones con Gloria, hemos hablado mucho, le he contado mi experiencia como la estoy contando ahora, me he sentido entendida y he encontrado respuestas, soluciones, soluciones empíricas y demostrables. Nos hemos quitado un poco esa culpa tan grande de la presión que quizá en ciertos momentos como padres no podíamos evitar someterle, y por eso quiero compartir mi experiencia para que sirva a muchos padres más que se identifiquen al leer nuestro caso.

Mi hijo es un pequeño superhéroe, como muchos otros niños que afortunadamente no tienen un problema grave pero no cumplen sus expectativas en el cole, tienen problemas de aprendizaje y sus sentidos no están coordinados en ese engranaje que deben estar. Tienen una limitación invisible para nosotros y para ellos, sin saber lo que les pasa, sin ser conscientes, han desarrollado muchas otras virtudes con las que ha ido tirando y tirando como eso, como superhéroes que no bajan la guardia, hasta que hemos encontrado su solución.

Gracias!!

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¿Que son los reflejos primitivos?

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Los reflejos primitivos son movimientos automáticos y totalmente involuntarios.

Necesitamos estos reflejos para poder sobrevivir, ya que nos permiten adaptarnos al nuevo medio al nacer, succionar a la hora de comer, desplazarnos para poder experimentar el nuevo mundo…

Ahora bien, ¿Qué ocurre si estos reflejos permanecen con nosotros para siempre?

Los reflejos primitivos deben aparecer, estar activos durante un tiempo e inhibirse cuando ya han cumplido su función para dar lugar a los reflejos posturales.

Si esto no ocurre, nos encontraremos con niños con unos rasgos comunes.

Überfordert

Suelen ser niños inquietos, a los que les resulta muy difícil permanecer sentados y a los que no les gusta la ropa ajustada. No se les da bien los deportes y tienen tendencia a ser descoordinados.

La lectura y la escritura les requieren mucho esfuerzo y hacen muchas faltas de ortografía, aprietan mucho el lápiz al escribir y muerden los bolis o se muerden las uñas.

Este vídeo refleja a la perfección cómo actúan los reflejos primitivos sobre nosotros.

 

En el vídeo se pone de manifiesto como los reflejos primitivos no integrados pueden interferir en la vida cotidiana de un niño.

Observad la niña del centro de la imagen: Cada vez que intenta poner los pies hacia fuera, la parte superior de su cuerpo hace el mismo movimiento: abre los brazos hacia fuera (observad las muñecas). Este cambio en el tronco superior es tan fuerte que le hace perder el equilibrio varias veces. A lo largo del vídeo se observa como la niña intenta repetidas veces poner los pies hacia fuera, pero su cuerpo no le obedece.

Este reflejo, interfiere directamente en el desarrollo postural, haciendo que el niño no pueda correr bien, jugar a juegos de pelota,  hacer ballet o gimnasia rítmica, permanecer de pie parado o jugar a diversos deportes en las mismas condiciones que el resto de los niños que no tienen este reflejo.

Al final estos niños son etiquetados como “torpes” y lo que les ocurre es que tienen un reflejo que provoca una mala coordinación motora.

Si observas que a tu hijo o a tu alumno le sucede esto cuando pone los pies hacia fuera, el niño debería ser evaluado de reflejos primitivos.

En nuestro Centro de Optometría y en la mayoría de los Centros de Optometría Comportamental pueden evaluar los reflejos y poner tratamiento si fuera necesario.

Por Sonia González Lucas y Gloria Hermida Salamanca

Photo Credit: Jug Jones

 

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