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Mamá, ¿Dónde estás?. Dificultad en el Procesamiento Auditivo.

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Cuando mi hija tenía 2 y 3 años no podíamos ir con ella a ver unos fuegos artificiales, al circo o al cine. Su reacción ante la música alta era taparse los oídos muy asustada y nos trasmitía una sensación entre molestia y miedo que nos llevaba a tener que llevárnosla de allí donde estuviéramos. Pensábamos que era algo normal en los niños pequeños, y veíamos que muchos como ella lo hacían, por lo que no nos preocupaba como a muchos otros padres.

Cuando con tres años en la revisión oftalmológica nos dijeron que tenía una hipermetropía muy elevada en los dos ojos, no dudé en llamar a Gloria. Yo ya conocía la Terapia Visual y quería hacerla con la niña para prevenir posibles problemas en el cole, por lo que decidí hacerle un Tratamiento completo donde se incluía la Reeducación Auditiva.
Cuando Gloria me explicó qué era y en que influía la dificultad en el procesamiento auditivo, le comenté cosas que hacía la niña, y a las que yo no le había dado nunca importancia, como por ejemplo llamarle y llamarle por su nombre hasta 4 o 5 veces, y hasta la sexta no me contestaba, o me decía ¿qué?; algo que comentábamos entre las madres como algo habitual en casi todos. Si yo estaba en alguna habitación de la casa me llamaba y yo le contestaba desde la habitación de al lado, siempre me decía “mamá, ¿dónde estas?”, no discriminaba de dónde procedía mi voz a no ser que me estuviera viendo.

Cuando íbamos a empezar el tratamiento y yo ya conocía que existía una diferencia en la audiometría entre sus dos oídos, ocurrió algo que certificaba aún más que mi hija como muchos otros niños tienen esta dificultad. Tenemos una gatita que vive normalmente fuera de la casa, pero un mañana entró en el salón y se colocó en una de las sillas de comedor dónde no estaba visible. Cuando la niña entró en el salón, la gata estaba maullando, y la niña empezó a dar vueltas buscándola con su mirada porque no diferenciaba a través del sonido dónde estaba.

Después del tratamiento, veo muy claro dónde estaba el problema, lo ves en las gráficas de antes y después de las audiometrías, cómo las ondas de cada oído, en principio separadas, se unen en el resultado final. Y como mejor lo ves es en la transformación de esas actitudes en la niña, todo lo que yo antes consideraba normal y que en realidad se podía convertir en una dificultad ha desaparecido, por lo que estoy muy contenta de haberlo hecho y animaría a todos los padres a, al menos, hacer una revisión.

 

El procesamiento auditivo central es la capacidad de nuestro cerebro de percibir e interpretar los estímulos sonoros que vienen del entorno.

Cuando hablamos de la dificultad en el procesamiento auditivo no hablamos de sordera o de cantidad de audición sino de su CALIDAD. Hablamos de cómo la información auditiva de nuestro entorno llega a nuestro cerebro.

El deterioro del procesamiento auditivo dificulta la adquisición del lenguaje, el aprendizaje, el desarrollo de la lectoescritura, la memoria de trabajo e incluso puede afectar de manera significativa a la conducta y a las emociones.

La calidad de la audición es fundamental para un buen desarrollo escolar y personal.

Las dificultades del procesamiento auditivo central se encuentran asociadas como trastorno secundario a muchos otros trastornos como hiperactividad, déficit de atención, dislexia, ansiedad, depresión, parkinson, alzheimer…

Muchos niños y adultos con algunos de estos trastornos tienen dificultades para procesar correctamente la información auditiva.

procesamiento auditivo

A continuación están descritos algunos de los síntomas asociados a un problema de procesamiento auditivo. Si se presentan alguno de estos síntomas es recomendable realizar una revisión auditiva.

  • Problemas de lenguaje y dicción.
  • Responde ¿Que? cada vez que le hablan.
  • Dificultad para recordar instrucciones verbales.
  • Se tapa los oídos con ruidos fuertes.
  • Confusión en algunos sonidos o palabras y dificultad para pronunciarlos.
  • Se despista con cualquier cosa.
  • Rendimiento escolar inferior a las capacidades intelectuales.
  • Audición dolorosa.
  • Dificultades para concentrarse si no hay absoluto silencio.
  • Sustituyen la expresión verbal por gestos.
  • Se abstraen en las conversaciones.

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La reeducación auditiva es un tratamiento para mejorar el procesamiento auditivo central.

Partimos de una audiometría previa para conocer que frecuencias están por encima o por debajo de lo esperado. De esta manera el tratamiento es totalmente personalizado a cada paciente.

El tratamiento estándar consiste en 10 sesiones de 45 minutos. En este tiempo el paciente escucha una melodía modificada con el fin de cambiar el procesamiento auditivo ineficaz y transformar la audición del paciente en un sistema eficaz.

Gloria Hermida Salamanca O.D. F.COVD

Directora Clínica Centro de Optometría San Francisco

 

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Terapia Visual: “Mi pequeño Superhéroe”

En esta entrada queremos compartir con vosotros la carta que la mamá de unos de nuestros peques nos ha mandado:

Mi hijo mayor tiene 9 años. Empezó la Educación Infantil sin apenas 3 porque es de noviembre. Recuerdo que los dos primeros años de E.Infantil yo los comparaba con la guardería:, juegos, disfraces, canciones, puzzles…; no le daba importancia a que aprendiera muchas cosas, sino que se lo pasara bien.

En tercero de infantil con 5 años, empezaron a sacar hojitas para leer el fin de semana, nunca olvidaré la primera que sacó que llevaba la A,E,I,O,U; cuando nos pusimos los dos con la hoja delante y puse mi dedo sobre la A, él no sabía qué era, hice lo mismo con el resto, y no reconocía ninguna. Al finalizar el curso, su tutora me dijo que tenía varios niños que “iban más despacio” y uno de ellos era el mío.

Cuando pasamos a Educación Primaria empezaron los problemas, traía deberes para casa que se convirtieron en una tortura, muchos días empezaba muy bien, otros no sabía por donde empezar, siempre tenía que estar a su lado e irle guiando literalmente, a la hora de leer, a la hora de escribir.. no paraba quieto en la silla, se levantaba, se sentaba sobre su pierna, se recostaba…hoy si echo la mirada atrás, sentía que me estaba tomando el pelo, pero, ¿cómo iba a tomarme el pelo todos los días?, se saltaba sílabas al leer, escribía comiéndose las vocales, no sabía repetir bien los días de la semana, sumar y restar era un reto de dificultades que no entendía y yo acababa gritándole y llorando un día sí y otro también.

Inventábamos juegos para sumar y restar, compartíamos las lecturas, una fila él otra fila yo… pero aún así, la hora de hacer deberes se fue convirtiendo en un momento desagradable para los dos, más aún cuando hablaba con sus profesores y aunque tenía buena sintonía con unos, otros me decían constantemente que “era un poco vaguete”, ”es que es muy vago”, “hace las cosas cuando quiere”, “tiene que leer más”…, cosas que iban aumentando mi rabia y mi frustración y fueron minando su autoestima hasta el punto de decirme: “mamá, es que soy un inútil”.

Durante los dos años de primaria, tuvo una logopeda que venía a casa y una profesora en verano. La tutora del cole le pasó varios test para descartar que pudiera ser disléxico, y me decía “sí, pero no”, no lo veía claro. En segundo de primaria, le llevamos al otorrino y al oftalmólogo. El primero descartó ningún problema de audición “estaba dentro de lo normal” y el segundo en el Hospital me dijo que tenía el ojo izquierdo vago. Yo desconocía los tratamientos para ojo vago por lo que le pregunté que qué debíamos hacer, a lo que me contestó que con 6 años (casi 7) era muy tarde, que era cuestión del cerebro y que quizá con las gafas y el parche se podría recuperar algo. Pedí una segunda opinión, y más de lo mismo, parche, el máximo tiempo posible para intentar que ese ojo reaccionara aunque sin ninguna garantía.

En segundo y tercero llevaba el parche prácticamente todo el día, ponérselo era una pelea, en el cole, en casa, los fines de semana, salvo un día de descanso. En tercero los deberes fueron a peor, era incapaz de copiar un enunciado y no comprendía prácticamente desde la segunda linea de una lectura. Las dos primeras preguntas de un examen las hacía bien y el resto era un desastre. Le valoró la orientadora del cole, le hizo los test pertinentes pero no sabía darme un diagnóstico, eran difíciles de interpretar, por lo que me mandó con el informe al neurólogo. Allí le hicieron un test más, le pesaron y midieron, y le diagnosticaron TDAH. Nos mandaron la medicación y volver a las revisiones con los resultados del cole.

Fue entonces cuando a través de una amiga y la orientadora del cole conocí la Terapia Visual. Como no estaba viendo resultados con el tratamiento del neurólogo decidí llevarle al Centro de Optometría San Francisco. En parte del estudio que le hicieron yo no estuve presente pero durante la revisión optométrica que le hizo Gloria estuve dentro de la consulta. Nunca olvidaré cuando durante el examen Gloria haciéndole una prueba me dijo:” ¿se cansa mucho al hacer los deberes?” y yo le contesté que “sí”, y me dijo: “Es que ve doble”….. la sensación que tuve en ese momento no se puede explicar… recuerdo que le dije a Gloria : “voy a llorar” y me contestó: “¿quieres ver como vé él?” y me dió una de esas cuartillas con letras y una lente para que me pusiera en el ojo, a los 10 segundos las letras se fueron difuminado y doblándose unas encima de otras. Aguanté para no llorar…

En la reunión que tuvimos sobre el informe completo que le hicieron a mi hijo, vi aún más claras otras cosas. Entendí que aunque una audiometría estuviera dentro de lo normal como me dijeron, no oía bien, los sonidos le distraían e incluso le molestaban, mi hijo nunca había podido ir a ver unos fuegos artificiales, o cuando íbamos al cine siempre se tapaba los oídos y lo pasaba mal. Comprendí al explicarme Gloria lo que eran los Reflejos Primitivos por qué mi hijo no podía permanecer quieto en una silla o por qué sentía un pánico inexplicable a determinadas situaciones. Al explicarme el estudio optométrico entendí por qué hacía en ocasiones bien la letra y al cabo de un rato la hacía ilegible, y por qué al leer se saltaba palabras o sílabas y no comprendía lo que leía. Me estaba explicando los conceptos, pero al mismo tiempo me estaba hablando de todas las cosas que hacía mi hijo, y ella no le conocía, fue increíble.

Comenzamos con el tratamiento en mayo de 2014, después de un mes y medio, tras la reeducación auditiva y un mes de terapia yo mantenía las consultas de revisión en el hospital con su oftalmóloga. En ese momento nos tocaba una de ellas y la oftálmologa no daba crédito de que después de casi dos años con gafas y parche sin resultados, mi hijo había bajado una dioptría de su ojo vago. Se había cumplido un mes de terapia.

Automáticamente por decisión propia eliminé el parche, no quería que siguiera pasando por ese suplicio, y el primer día que fue al cole sin la oclusión su profesora me llamó para contarme lo que le había dicho el niño:

– Profe, ¿te puedo decir una cosa?

– Dime – le dijo su profe

– Que ya veo.

Desde entonces todo ha ido mejorando, terminamos el curso, seguimos con la terapia y en septiembre ya era capaz de hacer los deberes sólo, su comprensión lectora ha mejorado muchísimo durante este curso. Lleva lentes de contacto, había un gran recelo a las gafas y al parche, aunque nunca ha tenido problemas sociales con sus compañeros, todo lo contrario, se sentía acomplejado y con las lentillas cambió.

11639165_984127501627541_1261979748_oDurante este año he cambiado muchas impresiones con Gloria, hemos hablado mucho, le he contado mi experiencia como la estoy contando ahora, me he sentido entendida y he encontrado respuestas, soluciones, soluciones empíricas y demostrables. Nos hemos quitado un poco esa culpa tan grande de la presión que quizá en ciertos momentos como padres no podíamos evitar someterle, y por eso quiero compartir mi experiencia para que sirva a muchos padres más que se identifiquen al leer nuestro caso.

Mi hijo es un pequeño superhéroe, como muchos otros niños que afortunadamente no tienen un problema grave pero no cumplen sus expectativas en el cole, tienen problemas de aprendizaje y sus sentidos no están coordinados en ese engranaje que deben estar. Tienen una limitación invisible para nosotros y para ellos, sin saber lo que les pasa, sin ser conscientes, han desarrollado muchas otras virtudes con las que ha ido tirando y tirando como eso, como superhéroes que no bajan la guardia, hasta que hemos encontrado su solución.

Gracias!!

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¿Como aprendemos?

Este fin de semana hemos tenido el placer de tener en nuestro centro a María J. Lopez, neurobióloga experta en desarrollo infantil y autora del libro “¿Porque yo no puedo?” en el que da las claves de muchas de las dificultades de aprendizaje en un niño.
Hemos aprendido mucho sobre las herramientas y las rutas neurológicas que usamos para aprender y como se va desarrollando un niño desde que nace hasta que se hace adulto.

Para el aprendizaje es fundamental que las rutas sensoriales estén bien desarrolladas, bien comunicadas entre ellas y que trabajen a pleno rendimiento tanto en habilidad como en velocidad.

herramientas 1Las rutas más importantes por las que aprendemos son la ruta visual y la ruta auditiva, y en segundo término la ruta táctil, propioceptiva, del gusto… y en la base de todo la ruta motora.

La ruta motora:

El desarrollo motor en los primeros años de vida juega un papel muy importante en la organización neurológica de los distintos sistemas cerebrales.  El desarrollo de la contralateralidad, el equilibrio, el control postular,  la propiocepcion son los cimientos de que cuando el niño crece pueda tener un buen punto de apoyo para desarrollar su sistema cognitivo y pueda aprender.

La ruta visual:

Entre un 65% y un 80% de toda la información que llega a nuestro cerebro es a traves de la vía visual, por este motivo es imprescindible que la visión este a pleno rendimiento. La visión implica mucho más que ver el 100% a través de unas gafas. La convergencia, el enfoque y el como procesamos la información visual es la clave de como aprendemos del rendimiento del niño en el colegio.

La ruta auditiva:

Al igual que la visión una cosa es oír y otra muy distinta procesar bien lo que oímos. Puede suceder que un niño sea capaz de oir la voz de su profesora cuando hay silencio pero que no pueda oirla cuando hay ruido de fondo en la clase aunque la profesora hable al mismo volumen. Por este motivo no solo es suficiente tener cantidad de audición sino que la audición sea de calidad para que no interfiera en el aprendizaje del niño.

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Es fundamental que un especialista evalúe y cree los programas necesarios para rehabilitarlas si no están permitiendo que el niño sea eficaz en su vida cotidiana.

 

 

 

 

 

 

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